Crónica: Rodrigo San Miguel / Fotos: Maru Debiassi

Los suecos Backyard Babies pisaron por primera vez la Argentina y dejaron en claro por qué son una leyenda que había que ver.

Indescifrables como pocos son los muchachos que de un tiempo a esta parte decidieron comenzar a rockear en Suecia, tierra siempre fértil para la música pesada. No hablo solo de los Backyard Babies, banda en cuestión, sino de toda la escena escandinava que incluye a pesos pesados como Hellacopters o Turbonegro. Con esa duda rondando mi cabeza me acerqué a un Niceto Club que ni ahí esperé que llegara a colmarse, hecho que sucedió y con creces. La gente, estoica, bancó el trío de soportes, ayudados por la variedad de los mismos. La experimentalidad seudo-stoner de Camus, la fidelidad al hardrock kissero que es Kefrén y en el medio TurboCoopers, sin dudas la banda más cercana al acto principal.

Con el lugar explotado, los Backyard Babies tomaron el escenario. Ya de por sí son un raro combinado. Peder Carlsson entre la barba y las trenzas podría tranquilamente ser el batero de Amon Amarth, mientras que el bajista Johan Blomqvist salió enfundado en una clásica campera de cuero y su rubia melena al viento, más metal imposible. Nicke Borg y Dregen, los guitarristas, bien hacen honor a la actitud punkie que la banda destila en cada canción. Furia nunca contenida, desprolijidad prolijamente calculada y rock, mucho rock. Como bien aclaró Nicke desde el micrófono, al ser la primera visita del grupo al país buscaron un repertorio lo más amplio posible, lo cual se simplificó porque el último disco de los muchachos se remonta a 2015, aunque avisaron que están componiendo material, atenti. Aún así, no se dejó afuera nada de lo que la gente vino a escuchar. A medida que pasaban los temas, destacándose algunas cosas como “UFO Romeo”, “I´m on my way to save rock and roll” y el triplete de los bises que fue memorable (Th1rte3n or Nothing/Minus Celsius/Look at You) para despedirse a toda orquesta.

Volviendo a la duda del comienzo, a medida que se suceden los temas la cosa se confunde aún más, o quizás se aclare porque te demuestran lo fútil de las etiquetas. Tatuado hasta donde no le pega el sol, Nicke Borg es todo lo punk que tiene que ser: insolente, gritón, simpático pero no tanto y más que gritar, escupe su cantar. Dregen, ¿qué podemos decir de una “casi” leyenda? Un look que incluye tiradores y boina, un andar que parece una mezcla de Keith Richards cuando toma de la mala y la hiperquinesia de “Sonic” el de Sega. Alto personaje. Pero yendo a lo que importa, el sonido si bien no es 100% limpio es claro y conciso, los riffs bien duros y los estribillos pegadizos, sino escuchen “Nomadic” (mi favorita, sin dudas). Si querés una etiqueta, ponele “Hard Rock”, pero son más, mucho más. La gente deliró, dedicó cantitos y sedujo a la banda lo suficiente para demostrarles que tienen público para volver. Dregen se puso la camiseta argentina y hasta la de Boca, confirmando que sabe cómo conectarse con la gente. Los Backyard Babies pasaron por la Argentina, seguro volverán y ojalá sea con más bandas del estilo, tan poco etiquetables y tan divertidas de escuchar.