Crónica: Rodrigo Garbini / Fotos: Gustavo Jaimez

Con un show con entradas agotadas y una gran cantidad de invitados, Lörihen realizó su última presentación del año en lo que fue además la despedida de su guitarrista Julián Barret.

Con lo difícil que es hacerse de un nombre en la escena metálica de nuestro país, el hecho de que Julián Barret haya formado parte de una de las bandas más emblemáticas del metal argentino por más de diecisiete años, no es poco decir. “Hicimos muchos discos, muchas canciones, muchos shows…” relataba un emocionado Emiliano Obregón a través de un video proyectado sobre el escenario de The Roxy tras las presentaciones de Argan y Sinónimo como actos soporte de cara al último show del mencionado guitarrista como miembro de tiempo completo en Lörihen, y también, de la presentación terminal de la banda hasta mediados del año próximo donde encararán el arduo proyecto de componer un nuevo trabajo en estudio.

Alrededor de las 21:15 horas, y con entradas agotadas, el quinteto comienza el partido con la carta más recurrente para el rol de apertura en sus últimos años: “Bajo la Cruz” a la cual pegadas le siguieron “Presa Fácil” y “Extraños Signos”. Todas las miradas se las robaba el guitarrista saliente, lo que no significó que el resto de sus compañeros no tuvieran una labor descollante, sin embargo, es contrastante mencionar la innumerable cantidad de problemas de sonido que tuvo la velada en donde ambas guitarras dejaron de sonar y los micrófonos fallaron en reiteradas oportunidades, algo extraño para quien está acostumbrado a la buena acústica que suele albergar el recinto porteño del barrio de Palermo.

Lo cierto es que nadie quería perderse la fiesta: Andrés Blanco, tecladista de los emergentes Crytical, subió al escenario para acompañar una emocionante versión de “Cuando tus Brazos Caen”. La lista de invitados continuó con el reemplazante de Barret, Ezequiel Catalano, transformando a la banda en un sexteto para la ejecución de “Aún Sigo Latiendo” y “Muro del Silencio”. Pero el estallido de emociones que elevó los niveles de adrenalina hasta el techo ocurrió cuando la agrupación invitó a su ex-vocalista Javier Barrozo a sumarse a Lucas Gerardo en el escenario para que Julián cumpliera con una promesa que había hecho unos cuantos shows atrás e interpretaran una favorita del público: la frenética e infrecuente “Guerra Santa”, desatando el caos entre los presentes debajo del escenario a pesar de los desperfectos sonoros.

Realizado un mini-set acústico en forma de trío (nuevamente con Andrés Blanco como invitado), Barrozo y Catalano volverían a unir fuerzas con el resto del quinteto para intercalar gemas antiguas y modernas en igual cantidad; una a una desfilaron “El Último Eclipse”, “Realidad Virtual”, “Utopía”, la debutante “Cenizas del Dolor”, “Antihéroe”, “Cadenas de la perversión” y el clásico “Traidor”. La última jugada contó con todos los invitados en escena para interpretar un medley de canciones de bandas consagradas como Metallica y AC/DC, para culminar con la infaltable “Vida Eterna” donde no hubo pulmones a los que les sobrara aliento tras corear uno de los estribillos más efectivos del metal nacional. “Por suerte la salida de Julián se da en las mejores condiciones” nos narraba Obregón, y así ha sido con cada uno de los ex-miembros de Lörihen a lo largo de los años, lo que nos lleva a deducir que no será la última vez que Julián Barret comparta escenario con sus ahora ex-compañeros. Más que un adiós, es un hasta luego.