Crónica: Rodrigo Garbini / Fotos: Maru Debiassi

El escuadrón de Dani Filth desplegó la oscuridad de sus lóbregas composiciones ante un Teatro Vorterix colmado de fanáticos.

El redactor de esta nota siempre se sintió atraído por la vertiente melódica de las propuestas extremas, sin embargo, por alguna razón Cradle of Filth se escapaba de sus selectos favoritos. Está bien, algunos dirán que los británicos dejaron de ser una banda del denominado Black Metal hace mucho tiempo, de todas formas Dani Filth sigue definiendo a su agrupación como “una banda de metal extremo”. También es cierto que si uno piensa en Inglaterra, difícilmente lo primero que se le venga a la cabeza sea este estilo de música; teniendo este dato como punto de partida podemos llegar a entender como el pasar de los años llevó a Cradle of Filth ha incorporar elementos góticos, dark, y poesía umbría con influencia “lovecraftiana” creando un híbrido bastante singular y alejándose de la propuesta pergeñada en un inicio. De allí mi curiosidad para acercarme al Teatro Vorterix y experimentar qué tan seductivo era el miasma en lo que sería la tercera presentación de la banda en nuestro país.

Desde temprano, los locales Morferus y Lepergod serían protagonistas de la entrada en calor llevándose los efusivos aplausos de los presentes que poco a poco fueron colmando el recinto del barrio Colegiales. Tras un retraso mayor a media hora de lo pactado, la introducción “Ave Satani” acompañaba la aparición de las seis piezas que hacen a Cradle of Filth quienes principiarían su presentación con la violenta “Gilded Cunt” y la continuarían con “Beneath the Howling Stars”, un caramelo para los fans de la primera época. Desde el comienzo el sonido fue alto y nítido, aunque fue Daniel Firth (bajo) quién más problemas tuvo con su instrumento el cual resultaba imperceptible, desperfecto que se solucionó a la brevedad para que los tres mástiles en conjunto formaran la columna vertebral de cada jugada desgranada, auspiciando de base para que los desgarradores chillidos agónicos de Dani Filth sumergieran al respetable en el más negro de los hechizos.

Destacable fue el carisma de la agrupación durante toda la velada, sobre todo de ambos guitarristas quienes son un show aparte coreografiando las canciones e interactuando con el heterogéneo público que abarcaba un generoso número de tribus urbanas yendo desde el metalero promedio hasta el gótico extravagante. Mientras que los primeros celebraban con mayor fervor las inclusiones de cortes como la extensa “Bathory Aria” y el mega-clásico “Dusk and her Embrace”, los segundos lo hacían con “The Death of Love” y “Heartbreak and Seance”, mientras que llamó la atención las pocas referencias que hubo hacia su último trabajo en estudio y excusa a presentar, siendo esta última y “You Will Know the Lion by his Claw” las únicas selectas.

Los bises se iniciarían con la potente “The Promise of Fever” y una interpretación descollante del clásico “Nymphetamine (Fix)” donde la vocalista y tecladista Lindsay Schoolcraft dejo de relieve el encanto de su melódica voz. El cierre del telón llegó tras una tríada de clásicos coreados hasta la afonía protagonizada por “Her Ghost in the Fog”, “Born in a Burial Gown” y la infaltable “From the Cradle to the Enslave”. Mientras sonaba la outro “Blooding the Hounds of Hell”, el redactor de esta nota abandonaba el recinto convencido de que probablemente nunca se convertirá en un fan de Cradle of Filth, pero que fue testigo de un show más que recomendable.