Crónica: Max Garcia Luna / Fotos: Cristian Estaurino

Las huestes de Campino colmaron las instalaciones del Teatro Sala Ópera en su primer visita a la ciudad de las diagonales.

Los alemanes Die Toten Hosen se presentaron el pasado miércoles 4 de octubre en el Teatro Sala Ópera en el marco de la gira bautizada “De vuelta en las canchas” (Aprendiendo Argentino, Lección 14, Año 25), con la que están promocionando su último trabajo “Laune der Natur”, publicado en mayo pasado.

Su recorrido también contó con actuaciones con entradas agotadas en el mítico Estadio Obras Sanitarias, en Museum -escenario que en marzo de 2000 se desplomó ante la presión del público frente al primer tema y que al día siguiente inmortalizaron en su DVD “En misión del señor: Live in Buenos Aires”-, y hasta en el living de la casa de un fanático en Vicente López, donde comieron asado y tocaron para todos sus amigos.

Los muchachos de Düsseldorf han entablado un vínculo de pertenencia con Argentina: años atrás brindaron un show en la esquina porteña de México y Balcarce, atesorando una más dentro de las tantas anécdotas que han cosechado en su segunda patria.

“Pueden despertarse, estamos nuevamente aquí” reza en una de sus estrofas “Strom”, el tema elegido para dar el punta pie inicial en La Plata donde llegaban por primera vez en 25 años de giras ininterrumpidas por nuestro país. Pasadas las nueve de la noche, el telón de fondo con la ilustración de su última producción se volvió fluorescente y todo el teatro estalló de emoción. A lo largo de 32 temas, repasaron gran parte de su carrera con hits como “Bonie & Clyde”, “Auswärtsspiel” o “Hier kommt Alex” -inspirada en la novela de Anthony Burgess “la Naranja Mecánica”-. Además de recrear el clásico de Los Violadores “Uno, Dos, Ultraviolento” y una versión de “Should I Stay Or Should I Go” de The Clash, entre otras.

Declarados Huéspedes de Honor de la Ciudad de Buenos Aires por la legislatura en 2012, con el plus de ser una de las bandas que más visitas tiene en nuestro territorio, son cultores de un cariño especial que sólo unas pocas bandas como Ramones y Megadeth han sabido conquistar.