Crónica: Rodrigo Garbini / Fotos: Maru Debiassi

La energía del terremoto de Lisboa en 1755, volvió a desatarse en Buenos Aires con una dosis del mejor metal lusitano.

El 1 de noviembre de 1755 una catástrofe ocurrió en Europa occidental y el norte de África teniendo a la ciudad de Lisboa como epicentro del desastre: la capital fue sacudida hasta los cimientos por un terremoto, seguido de un incendio a gran escala y olas gigantescas que inundaron por completo una de las metrópolis más devotas al catolicismo de aquella época. La inexplicable manifestación de la cólera de Dios ante el pueblo lusitano cambiaría para siempre la historia del cristianismo no solo en Lisboa sino en toda Europa. 262 años más tarde, Moonspell reconstruiría aquellos hechos en un disco conceptual titulado simplemente “1755”, y la gira promocional del mismo los trajo a Buenos Aires para canalizar la furia del cataclismo a través de su música en lo que fue su tercera visita a nuestro país.

Sin banda soporte que acompañara la presentación de los lusitanos, el recinto porteño del barrio de Palermo, The Roxy Live, fue llenándose de a poco hasta cubrir casi tres cuartas partes de su totalidad. Con un retraso de más de veinte minutos de lo pactado, el quinteto principiaría su actuación con “Em Nome do Medo”, dando pie a la teatralidad que ya se vislumbraba desde un comienzo con una escenografía imponente sumado a los múltiples cambios de atuendo de Fernando Ribeiro quien aparecería en escena disfrazado de sereno del siglo XVIII con sombrero de ala ancha, un abrigo largo y una lámpara de aceite encendida, emulando las dudas del personaje a interpretar como si estuviera buscando respuestas en la oscuridad de la noche: clima perfecto para que la historia se siguiera desarrollando más tarde con “1755”, “In Tremor Dei”, “Desastre”, “Evento” y “Ruínas”, canciones que si ya eran efectivas en estudio, serían superlativas en vivo. A todo esto hay que destacar que las perillas de sonido estuvieron ajustadísimas desde el minuto cero: las orquestaciones prominentes de Pedro Paixão y los solos de guitarra de Ricardo Amorim se amoldaban sin problemas sobre la sólida base construida por Aires Pereira y Miguel Gaspar (bajo y batería, respectivamente), dando pie a que las singulares vocalizaciones de Fernando Ribeiro hechizaran a todos los presentes.

Festejadísima fue la ejecución de “Night Eternal” y aún más del par nostálgico protagonizado por “Opium” y “Awake” del clásico “Irreligious”. Sonarían más tarde “Breathe (Until We Are No More)” y “Extinct”, ambas sustraídas del antecesor directo del disco a presentar, redimiéndose así del fallido tour por Sudamérica en 2017 el cual fue cancelado por problemas de logística. El punto más alto de la noche llegó de la mano de un triplete letal inaugurado por una enérgica versión de “Todos Os Santos” (sin dudas, el clímax “1755”), seguida por la siniestra “Vampiria” con cambio de atuendo incluido, y finalizando con “aquella canción que trascendió la frontera de Portugal” en palabras del frontman: el mega-clásico “Alma Matter”, pilar fundamental del denominado Dark Metal, coreada hasta la afonía y poniendo el broche a la primera parte de la velada.

Los bises se iniciarían con “Everything Invaded”, única referencia a aquella cuestionada etapa transitoria de los portugueses. Pegada llegó una sorpresiva “Scorpion Flower”, presentada por Ribeiro como “un poco de lo que define a Moonspell, donde la belleza y el horror se encuentran”, y, como no podía ser de otra forma, el punto final de una noche memorable con promesa de un regreso anunciado llegó de la mano de la lóbrega “Full Moon Madness”.