Crónica: Juan Manuel Guarino / Fotos: Maru Debiassi

Luego de una larga espera de siete años, Rage finalmente regresó a nuestro país para presentar “Season of the Black” su último disco.

Cuando ingresé al pequeño espacio de Uniclub, cerca de las nueve de la noche, reflexionaba acerca del hecho de que Rage es una banda que no tiene el reconocimiento que se merece. Pocas bandas con más de tres décadas de vida se sostienen en el tiempo tan vigorosamente, pese a los no pocos cambios de formación, y con más de dos docenas de prolíferos discos en su catálogo que serían la envidia de muchas otras bandas. Además se trata de un grupo que no nos visita con mucha frecuencia; casi siete años pasaron de su último show en nuestro país y con semejante prontuario a cuestas deberían ser motivos suficientes para lograr una convocatoria mayor, a pesar de encontrarnos en plena temporada de vacaciones y que estamos viviendo una época difícil para el bolsillo promedio.

En lo personal tenía muchas ganas de corroborar que Rage en vivo puede avalar los resultados conseguidos en el estudio, por lo que mis expectativas estaban muy altas. Fue así como luego de una leve demora de unos quince minutos para terminar de ajustar las perillas, el trío tomó por asalto el escenario de Uniclub y arremetieron con “Justify”, pieza perteneciente a su última placa, para después pegarle dos clásicos como “Sent by the Devil” y “From the Cradle to the Grave” que terminarían por desatar la locura en el recinto. De entrada el sonido fue muy nítido y claro, en donde solamente se vio un poco afectada la guitarra de Marcos Rodríguez por falta de volumen pero este escollo se solucionaría a la brevedad. Dicho sea de paso, el venezolano guitarrista (quien junto al baterista Vassilios Maniatopoulos son los reciente ingresados que dieron vida en 2015 a esta nueva encarnación de Rage) demostró que le sobra talento para ocupar un puesto que supo tener como dueño durante muchos años al inmenso Víctor Smolski; y al no haber una barrera idiomática para poder interactuar con la audiencia, nuestro compatriota nos conquistó con mucha facilidad. ¿Dije compatriota? Efectivamente, Marcos nos contó que pocos saben que el 6 de enero de 1979, yo nací en la ciudad de Mar del Plata y a los tres meses mis padres me llevaron a Venezuela. Treinta y Nueve años después vuelvo a mi tierra natal. Con su talento sumado al lazo consanguíneo, el violero no necesitó más nada para ganarse al público.

Pero claro, el más ovacionado de la noche fue el padre de esta furia: Peter “Peavy” Wagner. El gigante alemán tiene un carisma equiparable solamente con su inmensa fisonomía y en todo momento está sonriente, a la vez que no para de arengar mientras que con su bajo constituye una base sonora más dura que un yunque. Sin olvidar que mantiene intacto su peculiar timbre de voz, el cual mezcla melodía con rudeza, y le agrega líricas a esos himnos de batalla que construyó durante más de treinta años; himnos que alternan en una suerte de Heavy-Power-Thrash , que van desde los más recientes como “My Way”, “Season of the Black” o “Blackened Karma” hasta los más antiguos como “Nevermore”, “End of All Days” o “Don’t Fear the Winter”, reafirmando así la increíble paridad que tiene su extensa discografía. El final vino, como ya es habitual en sus giras, con “Higher Than The Sky”, la cual incluyó un popurrí en el medio para homenajear al gran Dio con “Heaven and Hell” y “Holy Diver”. Aquí volvemos a resaltar la labor de Marcos Rodríguez pero esta vez como vocalista, ya que fue sorprendente lo bien que se calzó los zapatos del eterno Ronnie James.

Y así fue como Rage selló otro paso triunfal por nuestro país. ¿Algo para objetar? Sí, que el set fue algo corto y que tranquilamente podían haber metido dos canciones más ya que ni alcanzaron los 90 minutos de duración. Pero más allá de eso podemos afirmar que, ni bien arrancado el 2018, Rage ya ofreció uno de los shows más potentes del año. Y la reflexión al salir de Uniclub fue la misma que cuando ingresé: Rage no tiene el reconocimiento que se merecen.