Crónica: Rodrigo Garbini / Fotos: Florencia Giuliana

Con la excusa de presentar “The Ultimate Incantation” por su vigésimo quinto aniversario, Vader aterrizó en Buenos Aires descargando una dosis del mejor Death Metal.

Mientras que a mediados de los ochenta en los Estados Unidos las bandas Death y Possessed esquematizaban los primeros bosquejos cartográficos de lo que más tarde llamaríamos Death Metal, del otro lado del charco, en Polonia, Vader comenzaba a dar sus primeros pasos alumbrando un puñado de cintas demo más emparentadas con el Thrash/Speed Metal que para ese entonces vivía sus años dorados. El mítico “Morbid Reich” (1990) considerada la copia demo más vendida en la historia del Death Metal, fue el factor determinante para que los polacos se ganaran un lugar dentro de la escena europea, afianzando un estilo que sería fresco, revitalizante y por demás agresivo. Para celebrar una trayectoria formidable, el cuarteto prusiano decidió embarcarse en una gira conmemorativa interpretando su placa debut en su totalidad con motivo de su 25 aniversario: el muy efectivo “The Ultimate Incantation” (1992), gira que pasó por Buenos Aires dejando las cenizas de una noche intensa.

Voy a ser sincero: nunca fui fanático de la vertiente más purista del metal extremo salvo contadas excepciones y Vader es una de ellas, por lo que me acerqué al recinto porteño del barrio de Palermo, The Roxy Live, con gran expectativa. Mientras disfrutaba de las cortas pero efectivas presentaciones de Victimario y Avernal pensaba en si “The Ultimate Incantation” era realmente el álbum más representativo de la carrera de los polacos. Para mi sorpresa me encontré convencido de que no era así y de que en mi lista personal había por lo menos tres placas que me parecían superiores al debut. De todas maneras discurrí que sería interesante escuchar clásicos como “Dark Age” y “The Crucified Ones”, cortes infrecuentes como “Chaos” y “Breathe Of Centuries” y otras canciones impensadas como “Decapitated Saints” o “Demon’s Wind”. Y así lo fue; pasadas las 22 horas, tras la intro “Creation” el cuarteto tomó por asalto el escenario desgranando de manual y casi sin pausas aquellas composiciones que conforman su lejano disco debut y sembrando el caos entre los presentes que aunque apenas habían llenado un tercio de la capacidad del recinto no les impidió tener su propia fiesta bajo las tablas.

Vader ha sido una puerta giratoria de miembros donde solo Piotr Wiwczarek ha quedado como integrante de la formación original, en vista de ello, que la alineación actual sea la más estable en más de tres décadas de trayectoria no es poco decir y es notable la química del grupo en el escenario, donde debo hacer hincapié en la labor de James Stewart en batería: una auténtica ametralladora con la precisión de un reloj suizo. Si a todo esto le sumamos un sonido que fue óptimo desde un comienzo, todos los ingredientes estaban dados para que fuera una noche memorable.

“Esta fue la última canción de The Ultimate Incantation pero no la última de la noche”, relataba el frontman antes de comenzar la segunda parte del show donde clásicos de antaño como “Wings”, “Sothis”, “Carnal” o “Silent Empire” se intercalaron con nuevas gemas como “Triumph Of Death” y “Prayer to the God of War” para mantener el nivel de fervor en lo más alto antes de la pausa y el final de la presentación que llegó de la mano de “Halleluyah!!! (God is dead)”. Mientras sonaba la famosa marcha imperial de Star Wars, Vader se despedía de The Roxy Live dejando en claro que el Death Metal goza de buena salud y de que “el conjuro final” sigue tan mórbido y letal como hace veinticinco años.