Crónica: Rodrigo San Miguel / Fotos: Maru Debiassi

Los ibéricos WarCry cumplieron con eso de “no hay dos sin tres” y visitaron nuevamente nuestro país, para delirio de los fans.

En mis años escuchando metal, más de 20, debo reconocer que hace mucho nada me sorprende, o al menos no demasiado. La excepción sucedió en 2014, cuando conociendo poco y nada de ellos, me tocó cubrir a WarCry en Groove. Cuatro años más tarde, y tres shows después, sigo sin explicarme muy bien el impacto de los españoles en mí. Con esa sensación caí hasta El Teatro de Flores, justito para verlos a los Lorihen como teloneros. Nunca me fanatizaron demasiado, pero no solo suenan bien, sino que tengo la sensación que mejoran año tras año y lejos quedó esa época de ser unos simples clones de Helloween. Después del tentempié, los WarCry con la amabilidad increíble de saber que era día laborable (como reiteraron después), a las 20:30 ya hicieron sonar los primeros acordes de “Alma de Conquistador”. Y fue el principio de casi dos horas y media de show, seguido de dos golpes de knock-out más como son “Nuevo Mundo” y “Contra el Viento”.

Como dije más arriba, no sé cómo explicar lo de WarCry sin recurrir a la buena onda y simpatía que bajan constantemente del escenario. Musicalmente no inventaron la pólvora, son un seudo-power bien ganchero decorado con un teclado sin sonar nunca hiper acelerados pero sin caer en la tentación de los medios tiempos soporíferos. Los rasgos más “agresivos” de la banda se fueron erosionando con los años, encontrándolos hoy más asentados pero a la vez más contenidos. Todos argumentos que en vivo se olvidan y te llevan al extásis metálico. Imposible no rendirse ante la insistente simpatía y garra de Víctor García en voces, o la payasesca performance de Pablo García, un guitarrista que siempre parece tener un conejo bajo la manga. El resto de los muchachos se dedican a formar una base sólida en la piel de Roberto García y Rafael Yugueros, en bajo y batería respectivamente. Punto aparte es el teclado de Santi Novoa, tanto en personalidad como en sonido, no deja de sobresalir y de ganarse el favor del presente.

Las canciones poco difirieron de la visita anterior, salvo las inclusiones de los temas del último disco, como “Rebelde”, “Cielo e Infierno” o “Resistencia”. Estas composiciones marcan un momento bajo de la banda a nivel compositivo, algo ya visto en el anterior trabajo, aunque podían contarse honrosas excepciones como “Quiero oírte” y la épica “Keops”, también presentes esta vez y que más recuerdan a las viejas composiciones, aclamadas por la gente cada vez que sonaban. El show pasaba rapidísimo, a pesar de los diversos diálogos de Víctor con el público, incluidos los dos pequeños que se “colaron” al escenario y participaron de sendas canciones dándole una situación entre tierna y jocosa que no hizo más que agrandar la conexión gente-banda. Asterisco para “Cobarde”, no solo por ser un gran tema, sino por tocar ese tema tan espinoso como es la violencia de género. WarCry lo hace no solo con su arte, sino de manera adulta y concisa, y con un sentimiento que puso la piel de gallina a quien escribe. Esa sensación emotiva se me hizo presente con varios temas más, llámese “Ardo por Dentro” o mi total favorita “Devorando el Corazón”, que en vivo eleva los sentimientos hasta el cielo de Flores. Quizás los bises no tuvieron el punch necesario con “No te abandonaré”, una balada, y “Guardián de Troya”, un tema más de inicio que de cierre. El fin redimió todo con ése himno castellano del metal que es “Hoy Gano Yo”. Y esa es la mejor forma de definir a los WarCry, ellos ganan, pero te suman a su triunfo, y lo mejor de todo es que lo hacen notar. Los veo en la cuarta visita.