Crónica: Nicolas Cardinale / Fotos: Leo Rocca

Considerado uno de los mejores guitarristas de todos los tiempos, el sueco recaló una vez más en Argentina para desplegar su vasta creatividad al mando de las seis cuerdas.

Hábil, virtuoso, veloz, innovador, pionero y (no solo en esta ocasión) maestro. El guitarrista sueco Yngwie Malmsteen dio cátedra de su dominio único de la guitarra el pasado sábado 11 de agosto en un Teatro Vórterix ocupado hasta cerca de la mitad de su capacidad con su “Masterclass, Guitar Clinic & Solo Performance”. Durante una hora de actuación, tocó temas de distintas épocas de su discografía, además de responder a las preguntas de sus fanáticos.

A pesar de que el ingreso estaba pautado para las 19, se demoró cerca de veinte minutos para quienes estaban anotados en lista o tenían pases VIP o Meet & Greet. Llegadas las 19:30, Pablo Soler salió ante la ovación estruendosa de una incipiente audiencia que iba en crecimiento y ejecutó su performance hasta las 20:30.

Con una puntualidad casi mecánica, a las 21, la muralla de Marshalls que se contemplaba en el escenario empezó a sufrir las rasgaduras de la púa sobre las cuerdas de la guitarra, sostenida por una de las personas más prolíficas en la materia. Yngwie Malmsteen enamoró desde el vamos a todos los entusiastas que se hicieron presentes en Lacroze y Álvarez Thomas, con un breve repertorio que incluyó obras de su primer disco como “Black Star” y “Far Beyond The Sun”, aunque también hubo chance de escuchar material de su más reciente producción, como “No Rest For The Wicked” y la genial “Top Down, Foot Down.”

Sin embargo, el escandinavo también puso su experiencia y sabiduría a disposición de la gente, respondiendo sus inquietudes mediado por un traductor. En este intercambio de palabras, explicó cómo fue que desarrolló los arpegios, diciendo que a los 10 años estaba frustrado por tocar los mismos acordes de blues (aunque no le desagradaba). Esto lo llevó a escuchar a músicos clásicos, especialmente a Nicolo Paganini, quien utilizaba esa técnica y quiso adaptarla a sus seis cuerdas, a pesar de la fallida advertencia de otras personas de que era imposible y que no lo lograría. El resto es historia.

Además, entre otros tópicos que se hablaron, Malmsteen confirmó que está trabajando en un nuevo álbum (sin ofrecer más detalles), recordó brevemente su trabajo con Ronnie James Dio, mencionó que siempre improvisa y cambia las formas de tocar sus canciones en vivo de un show a otro y brindó su opinión acerca de la situación actual del negocio de la música. Salvo por la corta duración (apenas una hora), Yngwie Malmsteen deleitó con cada nota y demostró que, a pesar de su larga carrera, los años no le pasan y que sigue sorprendiendo cada vez que tiene una viola en sus manos. El virtuosismo sigue intacto y hay hilo en el carrete como para endulzarnos los oídos por un largo tiempo.