Tras la dorada década de los 80, en la que Iron Maiden selló definitivamente su nombre en lo más alto del heavy metal, los británicos se adentraron en los años 90 con ciertas incertidumbres pero una convicción inquebrantable: aún quedaban muchas historias por contar.

Después de grabar su predecesor (“No Prayer for the Dying”, de 1990) en un granero propiedad del bajista y líder de la banda, Steve Harris, valiéndose del estudio móvil propiedad de los Rolling Stones, para este álbum Harris hizo convertir en el lugar un estudio de grabación adecuado (bautizado “Barnyard”). Bruce Dickinson, cantante desde “The Number of the Beast”, de 1982, describe los resultados como “una ligera mejora porque Martin Birch entró y supervisó el sonido. Pero había grandes limitaciones en ese estudio, simplemente por su tamaño físico y cosas así. En realidad, al final no resultó malo”, señala el vocalista, destacando la presencia de Martin Birch, histórico productor de los discos de Maiden, en lo que sería su último trabajo junto a la Doncella de Hierro, dado que se retiraría luego del lanzamiento del nuevo álbum. Birch en esta oportunidad se vería compartiendo labores con Steve Harris, quien debutó como productor de los discos de su banda en “Fear of the Dark”.

Además de las mencionadas cabezas de la banda, Iron Maiden completaban su versión 1992 con el siempre presente Dave Murray junto al recientemente ingresado Janick Gers (quien reemplazara a Adrian Smith desde el álbum anterior) en guitarras, y Nicko McBrain en la batería. Al respecto de Gers, Dickinson remarca que “el estilo y el sonido de la guitarra de Jan eran más puntiagudos y menos procesado” comparándolo con el de Smith, y ese particular ataque de guitarra se expresa en “Be Quick or Be Dead”, tema de apertura de la placa, coescrito entre Dickinson y Gers. El tema es rápido, potente, totalmente heavy, convirtiéndose en un poderoso inicio de álbum, del que además sería su primer single. Seguidamente, “From Here to Eternity” inunda el ambiente de tonos optimistas y coros abundantes, mientras la voz de Dickinson guía el relato que continúa la saga de “Charlotte the Harlot” (las otras canciones de la saga son la misma “Charlotte the Harlot”, “22 Acacia Avenue” y “Hooks in You”) en las noches londinenses.

“Afraid to Shoot Strangers” retoma una temática recurrente en la lirica de Maiden, como lo es la guerra. En esta ocasión, desde el punto de vista de un soldado ante los inevitables dilemas sobre la vida y la muerte en un conflicto bélico, como el del Golfo Pérsico de aquellos años que inspirara a la canción. Las melodías de las guitarras gemelas de la dupla MurrayGers se destacan en el segmento medio de una canción que se erige como un punto alto de la placa. Apuntado al temor mencionado en el título del disco, “Fear is the Key” asoma con un pesado machaqueo de medio tiempo que le permite a Dickinson lucirse con los versos extendidos mientras que en “Childhood’s End”, Bruce relata un panorama desolador, donde Iron Maiden (de la mano de Harris, compositor del tema) nos invita a reflexionar sobre el fin de la niñez, simbolizando el despertar a una realidad cruda y despiadada.

“Wasting Love” presenta una novedad musical para Maiden, ya que el tema se convierte en la primera power ballad de la mítica agrupación. Con la receta consabida de una introducción melódica, seguida de un ritmo a medio tiempo con sonidos acústicos, la canción explota con un brillante estribillo donde la voz de Dickinson se muestra en todo su esplendor, para terminar redondeando un muy buen tema lento. El arsenal de Nicko McBrain y el acompañamiento del resto de la banda inauguran “The Fugitive”, una canción con interesantes cambios de ritmo y un estribillo por demás coreable. Apostando nuevamente a que todos nos sumemos a sus estribillos (una constante en la placa), aparece “Chains of Misery”, primera participación compositiva de Dave Murray en el álbum, en coautoría con Dickinson. “The Apparition” es quizás la canción menos inspirada del disco, que enseguida recupera nivel en “Judas Be My Guide”, donde la melodía de su lírica está destinada a cantarse de inmediato, al igual que los punteos en armonía de la dupla de guitarristas y el genial solo a cargo de Murray, nuevamente aportando créditos en la composición.

Para el tramo final de la placa llega “Weekend Warrior” con su aire callejero, inspirado en los hooligans ingleses y la conocida relevancia que el fútbol tiene para Steve Harris. Por último, aparece el homónimo “Fear of the Dark”, el tema grandilocuente del disco. La canción, desplegada en distintos segmentos musicales, se convierte en un himno desde su riff inicial. Majestuoso e hipnótico resulta el fraseo acústico ejecutado por Gers, que deja lugar a la narración de Dickinson sobre los temores a la oscuridad y las trampas mentales que en ella habitan. Después de la introducción, la canción se acelera galopante, estallando en un estribillo con coros extendidos, para luego adentrarse en el mejor tramo de la misma: un lujoso juego de guitarras y riffs destinados a ser coreados por grandes estadios, tal como sucediera tras su lanzamiento. El tema ofrece la mejor forma de finalizar el álbum, y también de cerrar una etapa de la banda, dado que Dickinson saldría un año después, resumiendo un disco que, apuntando a los temores tan bien representados en su arte de tapa (por primera vez a cargo de un artista aparte de Derek Riggs, esta vez obra de Melvyn Grant), demostraría que Iron Maiden aún tenía muchas historias por contar.

El legado de “Fear of the Dark” de Iron Maiden:

El álbum fue un éxito de ventas en su salida, llegando al número uno en el ranking británico y posibilitando a Iron Maiden realizar giras masivas alrededor del mundo, como la que los trajo por primera vez a la Argentina en 1992.

“Fear of the Dark”, la última canción del disco, se convirtió de inmediato en uno de los más grandes clásicos de la banda, posicionándose como un tema inamovible dentro de sus setlists desde su lanzamiento hasta el día de hoy.

El álbum consolidó el sonido de Iron Maiden hacia un heavy metal más directo que sus últimos predecesores de la década anterior, confirmándose en sus posteriores lanzamientos en la década del 90.