Crónica: Max Garcia Luna / Fotos: Javier Rogoski

La leyenda de 64 años brindó un show contundente, repasando clásicos de su época en Twisted Sister y material de su reciente álbum.

El pasado martes 26 de marzo, Dee Snider pisó suelo argentino con un show para el recuerdo, en el que presentó su cuarto disco solista, “For The Love of Metal”, lanzado durante el año pasado. Con una lista de temas que incluyó además, los grandes éxitos de Twisted Sister, la banda con la que llegó a la fama en los años ’80.

Tras la disolución del grupo, el vocalista buscó su camino reinventándose una y otra vez: condujo un programa radial, incursionó en la comedia musical, y hasta dirigió y actuó en su película “Strangeland”, de la cual también escribió una secuela que aún no se concretó. Entre intentos de reunión y algún que otro lanzamiento, Snider formó nuevos proyectos como Desperado, Widowmaker y SMFs (Sick Mother Fuckers), aunque sin alcanzar el éxito de antaño.

Su nuevo trabajo en solitario, producido y compuesto en su mayoría por el cantante de Hatebreed, Jamey Jasta, lo volvió a poner en el foco de atención, logrando una excelente recepción por parte del público y la prensa, que lo arrojó nuevamente a la carretera con una gira que lo trajo hasta el Teatro Vorterix.

“Lies Are a Business” fue la canción que dio comienzo al concierto, seguida de “Tomorrow´s no Concern”, las dos que abren su última placa, dejando en claro desde el inicio que tiene material solido para sustentar su presente. El primero de los clásicos llegó con “You Can’t Stop Rock ‘n’ Roll”, del álbum homónimo de 1983, que supo ser un himno de resistencia en los 80s cuando un grupo de defensores de la moral y las buenas costumbres creyó que era necesaria cierta forma de control y censura sobre la música.

La potente “American Made”, cuyo estribillo fue modificado por “Argentinian Made”, fue seguida de “Burn in Hell” con las luces bañando el escenario de color rojo, enganchándose sin bajar la intensidad con “I Am the Hurricane”. El highlights estuvo puesto en “We’re Not Gonna Take It”, impulsando el desborde con su ineludible versión castellanizada coreada por todos.

Sobre la recta final continuó alternando entre nuevas y viejas composiciones. Así pasaron: “Ready to Fall” de sus días en Widowmaker, la balada “The Price” y los poderosos “Become the Storm” y “Under the Blade”, demostrando un estado admirable, arengando constantemente con una energía que parece no agotarse nunca. El cierre llegó con la infaltable “I Wanna Rock” y “For the Love of Metal”, no sin antes entregarnos una brillante interpretación de “Highway to hell” de AC/DC.