En 1991, después de cuatro discos de notoria calidad musical, y situándose como una de las bandas más importantes del heavy metal, Metallica lanzaba su álbum homónimo, donde buscaría un cambio musical y sonoro. ¿El resultado? Un rotundo éxito.

“¿Querés escucharlo con otra letra? Entonces cantalo vos” el autor de la frase es James Hetfield, cantante, guitarrista y co-líder de Metallica. El destinatario, Lars Ulrich, baterista y, claro, también co-líder de la banda. La escena (tomada del documental “A year and a half in the life”) sirve de muestra de las tensiones por las que atravesaba la banda al momento de grabar lo que sería su quinto álbum: “Metallica”, popularmente conocido como “El Álbum Negro”.

A saber, Metallica no atravesaba una crisis ni mucho menos. De hecho estaba en la cima de un mundo, de su mundo. En la cima del heavy metal, la banda venía de ofrecer una seguidilla de discos que se posicionaron rápidamente como clásicos del género. Habiendo partido del furioso embrión del thrash metal con “Kill ‘Em All”, culminaban su cuarteto discográfico inicial con “…And Justice For All”, un ambicioso y logradísimo trabajo repleto de temas extensos y letras políticamente comprometidas. Pero era momento de encarar nuevos horizontes, o al menos así lo pensaba la banda. “Realmente debíamos intentar escribir algunas canciones más cortas y puntuales”, comentó Hetfield que fue la idea compartida con Ulrich acerca del nuevo rumbo musical de Metallica. Enfocados en ese objetivo, un paso decisivo fue el cambio de productor. Los anteriores tres discos de la banda californiana contaron con la notable producción de Flemming Rasmussen, y para encarar este disco contactarían a un experimentado productor de hard rock: Bob Rock. La contratación de Rock no fue azarosa, sino que respondió directamente al deseo de Ulrich de emular el sonido que había encontrado en un disco lanzado un año antes. El disco era “Dr Feelgood”, de Mötley Crüe, que fuera producido por Bob Rock y contara con una muy lograda calidad sonora, impactando de tal manera al baterista danés que sería decisivo para el futuro de Metallica.

Durante una larga madrugada en un hotel, Kirk Hammett, guitarrista principal de la banda, dio con un riff que grabó de inmediato y que terminaría siendo la base principal del primer tema compuesto para la placa: “Enter Sandman”. Una vez terminada la música, había que darle paso a la lírica, y allí fue donde surgieron las primeras rispideces. Inspirado en la leyenda anglosajona del “Arenero” (un ser fantasmal que aterroriza a los niños en sus sueños), James Hetfield propuso un primer boceto crudo y literal, que fuera rechazado en unanimidad por Ulrich y Rock. El cantante comentó luego que aquello fue un verdadero desafío: por primera vez sus letras estaban siendo cuestionadas. Finalmente, una versión más moderada fue confirmada como letra del tema, quedando listo el primer single del disco, que se terminaría convirtiendo en un verdadero suceso.

Trabajar con Bob Rock apuntaba a lograr, entre otras cosas, un sonido pesado. Con el mencionado trabajo tomado de referencia, surgiría (por idea del productor) una novedad para Metallica: usar otra afinación. El tema que mejor interpreta la búsqueda por esa pesadez es “Sad But True”, segundo track del disco. Afinado un tono más grave que el estándar, el tema es un demoledor medio tiempo que se desplaza como un pesado mastodonte, aplastando todo con la genialidad riffera a la que acostumbra Hetfield, mientras que los golpes de Lars Ulrich en la batería caen reforzando cada paso de la bestia. En él, la introspectiva letra nos recuerda que, a veces, nuestro enemigo también puede estar en nuestro interior.

La velocidad vuelve con el tercer track, “Holier Than Thou”. Ya no apostando a la ferocidad thrashera, sino más bien a un acelerado heavy metal, Lars Ulrich guía desde un castigadísimo redoblante una canción que desborda energía. Este tema fue del agrado de Rock, quien propuso de inmediato que debería ser el primer single a lanzar, aunque finalmente, por insistencia del mismo Ulrich, el single sería “Enter Sandman”. El siguiente tema, “The Unforgiven”, llega para dar muestra de una especial característica de Metallica que a menudo no es del todo destacada: la capacidad de componer excelentes baladas. Ya habiendo incursionado (encontrando cierta resistencia) en el estilo desde su segundo disco, en esta oportunidad se incluyen dos temas lentos. En primer lugar, “The Unforgiven” destaca por su logrado trabajo vocal, donde Hetfield se luce en un sentido estribillo repleto de melodía, y por un inspiradísimo Kirk Hammett, con uno de sus mejores solos en Metallica. Más adelante en el disco aparece “Nothing Else Matters”, un tema destinado a ser un clásico que trascienda géneros, y que cumplió su cometido. Su letra está inspirada, según Hetfield, en “la soledad que puede sentirse estando de gira”. En un primer momento, el cantante fue reacio a incluirla dentro del disco, ya que había compuesto esta canción como un gusto personal, pero terminaría siendo parte fundamental de la historia de Metallica de allí en adelante.

“Wherever I May Roam” propone un viaje iniciado por el exotismo, donde, guiados por un riff ejecutado en un sitar eléctrico y un fraseo ideal para el rock de estadios, nos adentramos en una travesía por la carretera, allí donde sea que podamos vagar. Promediando el disco, “Through The Never aparece como una descarga metálica mientras su lírica nos plantea un cuestionamiento existencialista sobre el lugar que ocupamos en el universo. La patriótica “Don’t Tread on Me” y la riffera y machaqueante “Of Wolf and Man” nos recuerdan cuál es la búsqueda de Metallica en este trabajo: priorizar la pesadez por sobre la velocidad.

Un eterno debate acerca del disco “…And Justicie For All” giró en torno al prácticamente nulo espacio para el bajo de Jason Newsted en la mezcla final. De la mano de Bob Rock tuvieron lugar algunos cambios para el sonido de la banda. Uno de ellos tuvo que ver con las baterías, regrabadas una y otra vez, en ocasiones con hasta cincuenta (¡cincuenta!) tomas mezcladas en una canción, y otro, muy notorio, tuvo que ver con la presencia, esta vez sí, del bajo. Hecho evidenciado en la genial introducción de “The God that Failed”, y, por supuesto, en la sorprendente y musicalmente perfecta “My Friend Of Misery”, único aporte compositivo de Newsted en el disco. Originalmente pensada para ser un tema instrumental, aquí Metallica ofrece uno de los puntos más altos de “El Albúm Negro”. Al mencionado aporte del bajista se le suma el interludio, donde toma protagonismo el dueto Hetfield-Hammett para ofrecer un muy logrado pasaje musical.

Por último, “The Struggle Within”, devuelve un poco del Metallica ochentoso, con una intro melódica a cargo de la dupla de guitarras que dejan paso a un revival del thrash que supieron llevar a la cima del heavy metal. Una cima que solo era un paso para seguir escalando. Es que habiendo conquistado al metal, Metallica expandía sus propósitos: ahora la meta era conquistar el mundo. Y con este disco lo lograron. Encolumnándose dentro de un heavy metal directo, con canciones que pocas veces superan los cinco minutos y con, sobre todo, una brillante producción, lograron un disco repleto de grandes temas, con puntos de creatividad altísimos que marcaron a la música pesada para siempre.

El legado:

“Metallica” le permitió al gigante del heavy metal convertirse en un auténtico peso pesado a nivel mundial. Las barreras estilísticas quedaron demolidas a partir de su propuesta directa y concisa, temas como “Enter Sandman”, “Sad But True” o “Nothing Else Matters” traspasaron cualquier límite de popularidad convirtiéndose en clásicos globales.

El disco, además, representó una fuente de inspiración a nivel compositivo para innumerables bandas surgidas a partir de los años noventa, así como también sentó un precedente sonoro para intentar emular.