Crónica: Max Garcia Luna / Fotos: Federico Errecalde

En el marco de la gira que los encuentra promocionando su última producción discográfica, Rata Blanca se presentó en la ciudad de La Plata desatando una tormenta de hits.

Con 30 años de trayectoria, Rata Blanca ha construido una reputación importante en todo el mundo y ocupa un lugar de privilegio en la escena nacional. Su último trabajo “Tormenta eléctrica”, lanzado en 2015, es el más rockero en toda su historia. Con el correr del tiempo se han ido alejando del sonido neoclásico del metal, hacia horizontes más hardrockeros donde prima la canción. En esta nueva visita a la ciudad de las diagonales dejan de manifiesto su total vigencia y el reconocimiento que han ganado ante un público fiel que los acompaña en cada presentación.

Al ingresar en el Ópera, y a pesar del clima adverso, el calor se hacia sentir; con un soldout anunciado horas antes del show, las instalaciones se encontraban repletas. Un telón con la imagen del castillo que adorna la portada del álbum vestía el escenario junto a dos torres de luces puestas especialmente para la ocasión. Varias generaciones se amalgaman en el lugar, remeras de todas las épocas, gente de todas las edades. Los nuevos, los viejos, los de siempre.

Apenas pasadas las nueve, comenzaba el momento más esperado, las luces se apagaron y en cuestión de segundos la banda salió al escenario. Comenzando con “Los chicos quieren rock”, seguido de “Quizá empieces otra vez” de su tercer álbum “Guerrero del arco iris”, para llevarnos a los orígenes con “La misma mujer”. El quinteto fue alternando canciones del nuevo disco con las de su amplia discografía, y así fue que se despacharon con dos de las nuevas: “El jugador” y “Tan lejos de aquel sueño”. El ambiente iba tomando temperatura al ritmo de “Solo para amarte”, “Cuando la luz oscurece” y “El beso de la bruja”. Con “Mujer amante”, su tema más hitero, todo el teatro se une en una sola voz en un viaje nostálgico, y con el compás rápido e intenso de “Rock and Roll hotel” nos devuelven al presente.

A mitad del concierto la euforia no cesaba, el calor al igual que el sonido iba in crescendo y la seguidilla de clásicos no se hizo esperar, “Aún estás en mis sueños”, “El sueño de la gitana”, “La llave de la puerta secreta”, “El reino olvidado” y dos de sus himnos inolvidables “Guerrero del arco iris” y “La leyenda del hada y el mago” cerraban el setlist. Afuera había parado de llover, pero adentro el huracán se había desatado. El público no dejaba de arengar, permaneciendo inamovible en el recinto, aguardando por más. Los bises llegaron con “El último ataque” y “Días duros”, dando así un broche de oro a un show excepcional.
 
 
 
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