Paul estaba en su mambo, no tenía dimensión del lugar en el que estaba. Llevaba tanta droga encima que los retos de Steve le parecían surrealistas y carentes de sentido. Sin saberlo, esos eran sus últimos días en Iron Maiden. Para 1982 su vida había cambiado para siempre, no solo por dejar de ser la voz de la que luego se convertiría en una de las agrupaciones más grandes de la historia del heavy metal, sino también, por el legado que escribió en tan solo cuatro años.

Niño furioso

De una familia de la Londres obrera y popular, Paul Di’Anno nació un 28 de mayo de 1958. Las primeras bandas de hard rock fueron las que deslumbraron a un pequeño Paul que creció en aquella ciudad de ritmo acelerado donde los estilos musicales viraban de un año al otro. 

En la adolescencia, descubrió el punk y fue un tren del que nunca más se bajó. En uno de sus pasos por la Argentina confesó: "Soy un punk de por vida, Ramones es mi banda favorita". Para 1977, Paul había formado parte de un puñado de grupitos que no pudieron marcar su nombre en la vasta escena inglesa.

Ese año, una incipiente banda londinense se deshacía del primer vocalista. Dennis Wilcock, ya no formaría parte de la pequeña agrupación liderada por el bajista Steve Harris, por lo que Paul decidió audicionar para ese grupo metalero, que a su criterio, estaba plagado de rasgos punkys. El resto es historia conocida.

Otra vida

En 1978, La Doncella grabó el EP The Soundhouse Tapes pero no fue hasta 1980 que lanzó su primer disco homónimo oficial. El éxito llegó de inmediato y Paul, además de tener una voz poderosa, rompía moldes con su estética y pelo corto en un mundo de largas melenas. Para ese primer título, Di’Anno compuso uno de los temas que definen su manera de concebir el mundo y que a su vez, Maiden aún utiliza con asiduidad para cerrar sus multitudinarios shows: "Running Free".

Como la dinámica en aquellos años era disco-gira, disco-gira, para 1981 el conjunto inglés oficializaba "Killers", su segunda composición de estudio. Este nuevo álbum, con un sonido mucho más limpio que el precedente, mostraba bocetos del rumbo que La Bestia tomaría en los próximos años. Frente a esta situación, Di’Anno afrontó la responsabilidad de ser la voz del grupo con mayor desdén, por lo que admitió: "Para el segundo disco ya estaba aburrido, cansado de ese mundo".

Para mediados de 1981, Harris decidió despedir a Paul por la vida de excesos que llevaba, fuera de consonancia con lo que la banda pretendía. El indicado para ocupar el trono sería el ex cantante de Samson, Bruce Dickinson. Finalmente, el conjunto de Londres cambió de forma radical el enfoque y grabó el, quizá, trabajo más emblemático de su discografía: "The Number of the Beast". La nueva obra dejó atrás la atmósfera más rancia (¿Y pseudo punk?) de los títulos anteriores y buscó un sonido más contundente. Dickinson, aunque suele interpretar varios temas de la primera época, se sinceró: "El primer álbum de Maiden sonaba a mierda".

Siente mi dolor

Aunque la vida de Di’Anno esté signada por su paso en La Doncella, lo cierto es que desde 1983 en adelante no ha parado de tocar con sus múltiples proyectos. Desde colaboraciones con el ex Maiden Dennis Stratton, Gogmagog, Blattlezone, hasta su último trabajo en 2015 con Architects of Chaoz, que se vio fallido por los problemas de salud que lo aquejan.

La gira por Sudamérica fue agotadora y el dolor de rodillas era insoportable, pero pensó que llegar a casa le daría un buen descanso. La azafata del avión no dejaba de mirarlo y de consultar por su estado.

-¿Tan mal aspecto tendré?- Esa duda le carcomía la cabeza. A duras penas pudo poner los dos pies en su hogar para colapsar y desfallecer. Al recuperar la lucidez, se encontraba en una cama de hospital.

"En el 2015 estuve a punto de morir en Argentina por sepsis, apenas pude volver a Inglaterra para ir directo al hospital. Desde entonces que no he parado de entrar y salir de allí" enfatizó Di’Anno a fines del 2019. Paul, aunque se autodefina punk, es un símbolo de la resistencia metalera y para tranquilidad de sus seguidores aseguró: "Estoy lleno de dolor e infecciones pero pienso seguir tocando, no soy un maldito llorón".