Crónica: Roberto Isa / Fotos: Maru Debiassi

Los pioneros del thrash Exodus tuvieron un regreso triunfal a Argentina, en el marco del 40 aniversario del disco “Bonded by Blood”.

Siendo una de las bandas que originaron el subgénero que conocemos con thrash metal, Exodus es considerada de manera unánime como uno de los bastiones fundamentales para entender al desarrollo del estilo. Los riffs ajustados, las voces filosas y las líricas crudas, fueron desde sus inicios una marca registrada que los convirtió en insignia. Y a propósito de sus inicios, la banda se encuentra celebrando los 40 años de “Bonded by Blood”, su primer disco, editado en 1985.

Con la propuesta de interpretar en su totalidad el álbum debut, más los clásicos de otras épocas, los californianos se presentaron el domingo 12 de octubre en el Teatro Flores. Ya desde la apertura, a cargo de las bandas locales Lázaro y Tungsteno, el recinto observaba una buena cantidad de público, que terminaría por desbordar la parte baja del Teatro cuando llegara el acto central de la noche. Con un sonido de buen nivel y una enérgica presencia escénica, las bandas dejaron las llamas encedidas para el incendio de thrash metal que prometía Exodus.

Minutos antes del horario pautado, y ya con las luces apagadas, comenzaron a sonar por los parlantes las palabras de Paul Baloff pronunciadas en el disco en vivo “Another Lesson in Violence”, a modo de tributo para el fallecido ex cantante. Luego, las cortinas se corrieron y Exodus abrió con “Bonded by Blood”, el homónimo track de apertura del celebrado disco. Uno tras otro fueron sucediéndose los temas de la primera mitad del álbum, una de las piedras angulares del género, con clásicos como “Metal Command” o “A Lesson in Violence”, y justamente esto último es lo que se expresaba en las enormes rondas en el centro de la audiencia, donde los pogos estaban más presentes que nunca.

Gary Holt actúa como el comandante de la milicia en Exodus, en un rol mucho más protagónico que el que ocupa en Slayer, secundado por el carisma 100% thrasher de Rob Dukes. El cantante, aún sin un registro tan amplio como sus antecesores (Steve Souza ocupó el micrófono hasta el año pasado), arenga y dirige al público, además de dotar a las canciones del grupo con su rasposo portento vocal. Con Lee Althus en guitarra, el bajista Jack Gibson y el baterista y miembro original Tom Hunting, Exodus completa una formación sólida sobre las tablas. Y el público lo retribuye, ya que la asistencia no dejó de demostrar una comunión completa con la banda, expresada en coros, ovaciones y, por supuesto, mucho pogo.

“Deliver to Us” fue dedicada la memoria de Baloff, antes de emprender una seguidilla asesina con “Piranha”, “Brain Dead” e “Impaler”, previo a llegar al receso. Luego de unos minutos, la banda regresó a escena, siendo recibidos por larguísimos “olé, olé” de parte de la concurrencia, en respuesta al gran espectáculo presenciado. Gary Holt tomó el centro del escenario y amagó con el riff inicial de “Raining Blood”, de Slayer, interrumpiéndolo para que la banda se sume con el inicio de “Motorbreath”, de Metallica, como un regalo a los fieles thrashers locales.

Tras ello, ahora sí arremetieron con “The Toxic Waltz” y “Strike of the Beast”, donde Dukes pidió dividir el centro del campo en dos para que se libre la batalla a puro mosh. El público, complacido, entregó las últimas dosis de energía de una noche a puro thrash metal, que tuvo como cierre el detalle de Althus haciendo subir a una fanática que surfeaba sobre los cuerpos amontonados frente a la valla, prestándole su guitarra por un momento para que ejecute los últimos acordes. La chica, feliz de la vida, se llevó la lista de temas y una púa de Gary Holt. Para el resto de la concurrencia quizás no hubo tantos souvenires, pero sí la gratificación de otra noche triunfal para el thrash metal, vertiente de la música pesada que le debe a bandas como Exodus toda su existencia.