Crónica: Julieta Güerri / Fotos: Leo Rocca

El guitarrista Gilby Clarke regresó al país y repasó clásicos, covers y material solista en una serie de shows íntimos.

Un nuevo paso de Gilby Clarke por Argentina se cerró el pasado lunes 25 de mayo con un segundo show en The Roxy Live, tras haber llevado su propuesta a los escenarios de Rosario y Mar del Plata. La apertura de las dos noches en Capital Federal estuvo a cargo de Coverheads, viejos conocidos de las visitas de Gilby al país, que ya habían acompañado al músico en otras oportunidades.

Tan de local juega el ex Guns N’ Roses que hasta se tomó el atrevimiento de arrancar el show 30 minutos tarde, una demora bien porteña que el público sobrellevó entre birras y ansiedad, pero que se perdonó apenas se abrió el telón. El músico salió al escenario comprometido con la jornada patria: preguntó si era feriado y, en un gesto de pura complicidad, mostró orgulloso su escarapela.

Acompañado del bajista Johnny Martin (L.A. Guns) y Troy Patrick Farrell en la batería, el show se sostuvo sobre una fórmula reconocible y efectiva, con un repertorio que combinó varias canciones de Guns N’ Roses, algunas joyas de su discografía solista y versiones de The Rolling Stones.

Aunque el setlist no apuntó precisamente a la sorpresa, la respuesta del público dejó en claro que tampoco era necesaria.Temas como “It’s So Easy” y el hit de Clarke “Cure Me… or Kill Me” —colocadas estratégicamente una detrás de la otra— terminaron de confirmar que lo que todos habían ido a buscar esa noche era, simplemente, rock n’ roll.

Más avanzada la velada, el músico levantó su vaso y dedicó “Knockin’ on Heaven’s Door” a algunos de los artistas que el mundo perdió en el último tiempo y que, tanto a nivel personal como artístico, marcaron su camino y el de toda una generación de amantes de la música: Ozzy Osbourne, Ace Frehley y Clem Burke, histórico baterista de Blondie.

Prometiendo volver quizás antes de lo esperado, el show llegaba a su fin con “Tijuana Jail” y una versión de “It’s Only Rock ‘n Roll (But I Like It)” de The Rolling Stones. Una vez más, Gilby volvió a apoyarse en aquello que mejor maneja: un rock directo y sin artificios que no solo le permitió construir una carrera auténtica por fuera de Guns N’ Roses, sino también mantenerse fiel al estilo con el que toda una generación lo conoció y terminó convirtiéndolo en una figura querida dentro del hard rock.