Crónica: Julieta Güerri / Fotos: Lola Mir

Living Colour regresó a nuestro país en el marco de la gira “The Best of 40 Years Tour” que celebra sus cuatro décadas de trayectoria.

La banda neoyorquina se presentó el pasado 24 de febrero en el Complejo C Art Media y dejó en claro que su identidad disruptiva sobrevive al tiempo. A fines de los años 80, los neoyorquinos irrumpieron en una escena de rock hegemonizada por músicos blancos, desafiando sus códigos desde adentro. Su propuesta ecléctica de riffs metaleros filosos, groove funk orgánico y una actitud punk atravesada por la conciencia política los convirtió rápidamente en una anomalía atractiva. Sin embargo, fue el virtuosismo del cuarteto —integrado por Vernon Reid en guitarra, Corey Glover en voz, Will Calhoun en batería y Doug Wimbish en bajo— lo que consolidó su permanencia una vez pasado el efecto sorpresa.

A 40 años de su surgimiento, ver a Living Colour en vivo continúa impactando con la frescura del primer día. Si bien el show estaba previsto para las 21:30, diez minutos antes comenzó a sonar la “Marcha Imperial” de Star Wars, anunciando un comienzo prematuro. Durante las dos horas siguientes, la banda realizó un recorrido impecable por lo mejor de su etapa clásica.

“Middle Man”, “Glamour Boys” y “Open Letter (To a Landlord)” rescataron la esencia de Vivid (1988), el álbum debut que fusionó heavy metal, jazz y hip hop y los empujó al mainstream. No obstante, fue su sucesor, Time’s Up (1990), el que dominó el setlist. Más pesado y experimental, este material desplegó influencias desde psicodélicas hasta afro-latinas, incluyendo “This Is the Life”, “Type” y “Pride”, consolidando lo que muchos consideran su obra más sólida y coherente.

En pleno reordenamiento del rock en los 90, el grupo lanzó Stain (1993), marcando un viraje hacia un sonido más crudo y denso. En vivo, esa etapa se tradujo en “Leave It Alone”, “Go Away” e “Ignorance Is Bliss”, que evidencian el costado más áspero de su catálogo. También hubo espacio para las relecturas: “Memories Can’t Wait”, de Talking Heads —incluida originalmente en Vivid— y una versión casi a cappella de “Hallelujah”, de Leonard Cohen, que aportó un momento de mayor intimidad dentro de una noche marcada por la intensidad.

El tramo final encontró su punto más alto con “Cult of Personality”, el himno que los llevó al estatus de platino y que funcionó como una última descarga de energía para un público que, a esa altura, ya lo había dado —casi— todo. El cierre, tras “Solace of You” (Time’s up), llegó con “Should I Stay or Should I Go” de The Clash; una elección que refuerza el mensaje combativo que Living Colour imparte desde hace décadas y que nosotros volveríamos a escuchar, encantados, las veces que sea necesario.