Crónica: Roberto Isa / Fotos: Maru Debiassi

El virtuoso guitarrista se presentó nuevamente en el país, ofreciendo temas de su más reciente álbum, “WROC” y repasando clásicos del rock.

Paul Gilbert volvió a Argentina para reencontrarse con el público local y brindar un concierto donde el virtuosismo guitarrístico convivió naturalmente con el humor, la espontaneidad y una profunda devoción por el rock and roll. Al frente de su banda, el ex Racer X y Mr. Big desplegó en la noche del viernes en El Teatrito un repertorio centrado en su más reciente trabajo solista, “WROC” (Washington’s Rules of Civility), pero también encontró espacio para recorrer algunos clásicos imprescindibles de la historia del rock.

Luego de la sólida presentación de los locales Argan, llegaba la hora del show central de la noche, y allí, adornado con un sombrero que replica la clásica imagen de George Washington, Paul Gilbert y los suyos salieron a la escena. Desde el comienzo, con la zapada titulada “Crazy PG Medley”, quedó claro que la velocidad y la precisión siguen siendo parte fundamental de su lenguaje, aunque lejos de convertirse en una demostración técnica vacía, cada recurso estuvo puesto al servicio de las canciones.

El universo de “WROC” ocupó buena parte de la primera mitad del concierto. “Let Thy Carriage”, “Spark of Celestial Fire / Every Action” y “Maintain a Sweet and Cheerful Countenance” mostraron en vivo las particularidades de un álbum que Gilbert construyó a partir de textos de un antiguo manual de etiqueta. Los cambios de tempo y groove, uno de los elementos que el guitarrista destacó al hablar de la grabación del disco, cobraron especial fuerza sobre el escenario, donde la banda pudo moverse con naturalidad entre las distintas secciones. “If You Soak Bread in the Sauce”, “Orderly and Distinctly”, “Keep Your Feet Firm and Even”, “Show Not Yourself Glad (at the Misfortune of Another)” y “Go Not Thither” completaron el recorrido por un material que, pese a su particular concepto, conserva intacta la esencia lúdica y rockera de Gilbert, con la guitarra líder haciendo las veces de vocalista para guiar las canciones, algo que como mencionó en su reciente entrevista con El Culto, considera una de sus principales características.

El solo acústico permitió bajar momentáneamente las revoluciones y poner el foco en la musicalidad del guitarrista, antes de regresar al terreno eléctrico con una seguidilla de versiones que dejó en claro algunas de las raíces que alimentaron su propia identidad. “Thunderbird”, de ZZ Top, “Mother, Father”, de Journey, y “Last Child”, de Aerosmith, trasladaron al escenario el espíritu del rock estadounidense, mientras que “Baba O’Riley”, de The Who, apareció precedida por una extensa jam instrumental que permitió a la banda improvisar y jugar con el público antes de desembocar en uno de los temas más reconocibles del grupo británico. Sobre la banda que acompaña a Gilbert, desde ya se destaca la presencia del baterista Jeff Martin, quien fuera vocalista de Racer X y que, además de sus dotes tras los parches, por supuesto aporta su gran caudal vocal, haciéndose cargo de acompañar a Paul en las estrofas de “ To Be With You”, el gran clásico de Mr. Big que sonó en la noche. En la otra guitarra y en el bajo, Doug Rappaport y Timmer Blakely aportan con solvencia en sus instrumentos respectivamente.

Si hubo un momento capaz de condensar la celebración rockera de la noche, ese fue “Rock and Roll”, de Led Zeppelin. Allí Paul y los suyos abrazaron directamente la tradición del género, convirtiendo el escenario de El Teatrito en un espacio de celebración colectiva. Así, entre riffs, solos, cambios de ritmo, momentos acústicos y una buena dosis de humor, Gilbert cerró su presentación en Buenos Aires demostrando que el virtuosismo no tiene por qué estar reñido con la diversión. “WROC” encontró en vivo una dimensión particularmente dinámica, mientras que los clásicos elegidos funcionaron como un puente entre las distintas etapas de una carrera cuatro décadas. Más que una exhibición de velocidad, la noche fue una celebración de la guitarra y del rock como forma de expresión: justamente esa combinación de técnica, melodía y alegría que Paul Gilbert continúa defendiendo con la misma pasión.