Crónica: Roberto Isa / Fotos: Julian Sabra

La banda de Zakk Wylde ofreció un show arrollador en su regreso al país luego de siete años.

Ser el ladero histórico de Ozzy Osbourne, la máxima leyenda del heavy metal, podría ser pergamino suficiente para cualquier músico. Sin embargo, para Zakk Wylde todavía había más para ofrecer, ya que al mando de Black Label Society desarrolló una prolífica carrera, con 12 discos editados y varias visitas al país, a la cual se sumó una más (la sexta) en la noche del lunes 27 de abril.

Groove fue el escenario para este recital, que se agregaba a una segunda fecha al día siguiente, en el Teatro Flores. Con localidades agotadas, la fría noche porteña se convertiría en una caldera en el recinto de Palermo. Los locales Fisión Nuclear prepararon el terreno, ofreciendo un muy logrado thrash técnico, demostrando que la escena metalera autóctona cuenta con valores destacados para el siempre necesario recambio generacional. Pocos minutos luego de las 21 horas, cuando el lugar estaba completamente abarrotado, el telón con el logo de Black Label Society se bajó, para que Zakk y los suyos aparezcan en escena.

Un mix entre “Whole Lotta Love”, de Led Zeppelin, y “War Pigs”, de Black Sabbath, ofició de preámbulo mientras Black Label Society tomaba posición. El poderoso “Funeral Bell” abrió el show, donde seguidamente el nuevo disco de la banda, “Engines of Demolition”, editado este año, tuvo representación inmediata con “Name in Blood”. De gran presencia escénica, Zakk acapara la atención con sus solos y riffs, más aún cuando lo hace subido a la tarima en el frente del escenario. En un segundo plano, el bajista John DeServio, el baterista Jeff Fab, y el guitarrista Dario Lorina (de muy buenos intercambios de solos con Zakk) sostienen la maquinaria, sin fisuras.

Un sonido potente y prolijo acompañó al recital en todo momento, permitiendo apreciar con claridad los solos y las voces. Al respecto de la voz, Wylde demuestra no ser solamente un guitar hero, ya que su labor en el micrófono es satisfactoria, logrando una performance enérgica. Y hablando de entregas de energías, eso mismo se vivió cuando interpretaron “No More Tears”, el clásico de Ozzy Osbourne que fue coreado por todos. Ozzy también volvió a estar presente cuando tocaron “Ozzy’s Song” la balada homenaje que forma parte del último disco. Además, hubo momento para otro homenaje a músicos cercanos a los afectos de Zakk: los hermanos Dimebag Darrell y Vinnie Paul, de Pantera, cuyas imágenes aparecieron en pantalla durante “In This River”.

De pocas pero claras palabras, Zakk Wylde se dirigió a la audiencia en contadas veces, para destacar el apoyo que siempre recibe en cada visita, pero mayormente dejando que la guitarra sea la encargada de hablar. El jam instrumental que sirvió de inicio del tramo final del show lo dejó en claro, con el barbudo sacando a relucir cada lick, estirada y sobre todo los característicos armónicos que hicieron de su estilo un sello completamente reconocido. Para finalizar llegó “Stillborn”, uno de los grandes clásicos de la banda y que contase con Ozzy en la versión original, como para darle el cierre adecuado a una noche repleta de potencia y homenajes.