Crónica: Roberto Isa / Fotos: Maru Debiassi
Fred Durst y compañía regresaron al país para encabezar la primera edición del Loserville festival, repasando los clásicos que marcaron una generación.
A poco más de un año de su última visita al país, Limp Bizkit volvió a tocar en Buenos Aires. En aquella ocasión, los comandados por Fred Durst se habían presentado en el festival Lollapalooza, pero ahora llegaban con su propio festival, titulado Loserville Festival, con el que ya recorrieron Estados Unidos y Europa. Acompañándolos a la fecha de este martes en el Parque Sarmiento, se sumaron nombres como Bullet For My Valentine, 311, Ecca Vandal, Slay Squad y Riff Raff.
Previa a la salida de Limp Bizkit al escenario, era el turno de Bullet For My Valentine. Los británicos ofrecieron un show contundente, repleto de riffs filosos y buena participación en conjunto. El metalcore de Bullet está caracterizado por una buena dosis de melodía sobre la potencia típica del estilo, y calibrada con un logrado intercambio de voces. Con una propuesta mayoritariamente centrada en su disco debut, “Poison”, de 2005, del cual hicieron 10 temas, la banda liderada por Matt Tuck dejó la vara alta para pasar al acto central de la noche.
A las 22 horas Limp Bizkit tomó la escena, con los músicos subiendo a las tablas para ubicarse en sillones que daban la espalda al público. El motivo era claro: en la pantalla ubicada detrás de la batería se proyectaron imágenes de Sam Rivers, el recientemente fallecido bajista y miembro fundador, despertando las inmediatas ovaciones del público. Luego del homenaje (la primera de varias menciones a Rivers en la noche), sonaron los poderosos acordes de “Break Stuff” como tema inicial. Wes Borland, el guitarrista de la banda, luciendo un particular atuendo inspirado en iconografía latinoamericana, sorprendió al ejecutar los acordes de “Master of Puppets”, de Metallica, como intro para “Hot Dog”, el segundo tema.
Fieles al estilo que los convirtió en una de las principales bandas de la corriente nu metalera, Limp Bizkit intercala clásicos como “My Generation” con samples de “Jump Around”, de House of Pain, a cargo de DJ Lethal, mientras que “Rollin” se mezcla con “Proud Mary”, de Creedence, también gracias a las bandejas de Lethal. Otros de los momentos particulares llegaron con la excelente versión de “Sabotage”, de Beastie Boys, con la voz de Ecca Vandal, o la interpretación de “Full Nelson” a dúo de voces entre Durst y Alan, un fan subido al escenario a pedido del cantante. La base musical, conformada por el baterista John Otto y el bajista Richie Buxton, reclutado para la gira, sustenta el ritmo con el groove tan particular de una de las bandas que mejor supieron definir la fusión de rap y metal.
Clásicos como “Behind Blue Eyes” (cover de The Who, ya tomado como propio), “Nookie” o “Take a Look Around” (dedicado por Durst a quienes tendrían la “misión imposible” de ir a trabajar a la mañana siguiente), despertaron el fervor de la audiencia, que en todo momento se mostró conectada con la banda, hecho que tiene mucho que ver con la notable performance de Fred Durst como frontman. Comunicativo, humorístico y preocupado por la interacción con sus seguidores, el cantante ofició de excelente maestro de ceremonias, guiando el show hasta el cierre con el bis de “Break Stuff”, como si poguearlo una vez no hubiera sido suficiente.
Miles de asistentes se retiraron con la satisfacción de ver la entrega de una banda que marcó generaciones, reflejadas en las numerosas gorras rojas, alusivas al look de Durst en los videoclips, perdidas en la multitud. Marcharon a modo de proclama victoriosa para una banda, que junto a otras marcó una época, pero que en la noche del martes demostró estar tan vigente como nunca.












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