Crónica: Max Garcia Luna / Fotos: Maru Debiassi
La banda alemana regresó a Buenos Aires con una presentación de alto impacto técnico en el Teatro Flores.
Liderados por Ralf Scheepers, cuya voz sigue cortando el aire con la misma precisión que en sus comienzos, el grupo desplegó un repertorio de tres décadas de power metal con una formación que incluyó a Dirk Schlächter en el bajo.
La previa estuvo a cargo de Tren Loco y Jerikó, dos nombres fundamentales para entender la vigencia del metal argentino. Tren Loco abrió la jornada con su habitual solvencia técnica, mientras que Jerikó capitalizó el fervor del Teatro Flores con un setlist cargado de clásicos que reafirmaron su conexión histórica con la audiencia. Ambos soportes cumplieron con la función de calentar el ambiente antes del desembarco internacional.
Tras la introducción, el inicio del show de Primal Fear con “We Walk Without Fear”, “Destroyer” e “I Am the Primal Fear” —dos joyas de su última producción discográfica— expuso un audio nítido y una ejecución sin margen de error. Ralf Scheepers sigue siendo el centro de gravedad del grupo; su registro conserva los agudos característicos del género y maneja los medios con una autoridad que domina la mezcla final.
El trabajo de guitarras fue uno de los puntos altos de la noche, con una dupla conformada por Magnus Karlsson y Thalia Bellazecca que se movió con absoluta sincronía. En piezas como “Nuclear Fire” y “Seven Seals”, el ataque de armonías dobles permitió apreciar los arreglos que definen la identidad del grupo, mientras que la solidez rítmica de Bellazecca le dio el espacio necesario a Karlsson para explayarse en los pasajes más técnicos, algo que quedó en evidencia durante la instrumental “Hallucinations”, donde la banda exhibió su faceta más progresiva.
La base rítmica, con Dirk Schlächter (Gamma Ray) reemplazando a Mat Sinner —ausente en esta gira debido a una infección severa en su pierna—, no mostró fisuras. Junto a la batería de André Hilgers, Schlächter sostuvo el pulso de temas como “The End is Near” y “King of Madness”, logrando una cohesión sonora que mantuvo la intensidad sin altibajos.
Hacia el final, el grupo apeló a los pilares de su discografía. El bloque de “Fighting the Darkness”, “Chainbreaker” y el himno “Metal Is Forever” generó la respuesta más física de la audiencia, que acompañó las líneas melódicas en cada tramo. La elección de “Running in the Dust” para terminar la fecha remitió directamente a las raíces de su álbum debut de 1998, cerrando una presentación donde Primal Fear expuso una capacidad de ejecución que sostiene su catálogo más allá del valor histórico de las canciones.












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