Crónica: Rodrigo San Miguel / Fotos: Maru Debiassi

En el marco del Isenbeck Rock N’ Chop, el máximo exponente del Metal argentino estalló Museum con su banda solista y fue una fiesta.

No debe ser fácil ser un músico de la trayectoria de Ricardo Iorio. En su tercera encarnación metálica, el ex hombre de la cresta se reinventó de una manera satisfactoria. Así como luego de V8 llegó la masividad de Hermética; y al implosionar la H, Almafuerte tomó la posta afirmándolo en el panteón nacional. Hoy nos encontramos con “Iorio” a secas, como si ya no hiciera falta disimular su liderazgo nato. Pero vayamos a la noche de Museum, el 14 de abril pasado. Aún antes de su set, la calle Perú era un hervidero de gente, de golpe ese malón se trasladó hacia el interior de Museum. Llegó la hora de la verdad. Ricardo es Ricardo. Todos lo sabemos. Si bien el fan que soy tenía los ojos puestos en este prócer del metal pesado argentino (no “heavy metal”, como él mismo dice), mi parte cronista tenía curiosidad por la banda. Ya no es Almafuerte, y es algo que no está bien ni está mal, simplemente se comporta como el vehículo de la expresión artística de Iorio.

El elenco en cuestión es una mezcla por demás interesante. Dos pares de hermanos, más Joana Gieco en teclados, instrumento inédito en la carrera del vocalista. Es la muchacha quien sorprende con un exquisito buen gusto con la intro que da lugar al primer puñetazo de la noche: “Lanzado al Mundo Hoy”, que seguido de “Voy a Enloquecer”, ponen en claro al distraído que Iorio fue el alma mater de V8, Santo Padre de nuestro metal nacional. Ahí nomás arremetió una seguidilla “almafuertera”, en reversiones que se adecúan perfectamente a la actualidad vocal de Ricardo y a la banda que lo acompaña. Destacan acá el primer par de hermanos, los Martínez. Con Walter como la cara más visible de la banda luego de Iorio, gracias a su trayectoria en Almafuerte. Aquí su contundencia encuentra una semejanza tanto en lo físico como en sonido con su hermano Rubén, un guitarrista prolijo y bien consciente de dónde está su juego. ¿Qué decir del otro guitarrista, Alejo León? Difícil tomar la posta de Claudio Marciello. Quizás en “sentimiento”, el cuasi púber no emparde a su antecesor, pero su técnica es algo descomunal, sobre todo si consideramos que no llega a los 20 años. Los temas renacen de la mano del pibe, haciendo que “1999” o la genial “Memoria de Siglos” tomen nuevos bríos. “Juventud, divino tesoro”, cualidad que comparte con su hermano Facundo, que se encarga del bajo con la sobriedad que merece el caso.

El descanso para la voz principal vino de la mano de Larry Zavala. El ex Nepal, casi un émulo vocal de Iorio, que se despachó con “El Visitante” y un tema de su autoría. Luego la banda entera tomó su descanso, recayendo en Alejo la tarea de entretener a un público. No contento con manejar los hilos de la banda desde sus seis cuerdas, apareció solito sobre el escenario con una acústica y como quien no quiere la cosa comenzó a repasar clásicos de Hermética, uno atrás del otro, para delirio de la gente que lo acompañó con su voz. Volvió Ricardo, vestido a lo San Martín como para resaltar esto de ser un prócer, y sonó “Zamba de Resurreción”, para dar lugar a Carina Alfie con “Guitarrera”, donde desparramó todo su virtuosismo. Su pequeñez no va en zaga con su talento, formando un trío de guitarras más que interesante con León y Martínez.

La monada, feliz de la vida, la aplaudió y siguió disfrutando de más gemas de la carrera de Ricardo, llegando al cénit con “Tú eres su seguridad”, quizás EL tema de Hermética. El show siguió un poco más, pero ya no importó. Ricardo, el de V8, el de Hermética, el de Almafuerte, el solista, el que estuvo con Beto Casella… Ricardo tuvo otro día para ser… y fue Iorio.