Crónica: Max Garcia Luna / Fotos: Maru Debiassi
En el marco de su gira “Run For Your Lives”, la banda británica celebró medio siglo de historia con dos presentaciones en el Estadio Tomás Adolfo Ducó.
El regreso de Iron Maiden a la Argentina -en el marco de su decimotercera visita al país- se concretó en el Estadio del Club Atlético Huracán con una propuesta conceptual clara: celebrar sus 50 años de trayectoria centrados exclusivamente en el catálogo editado entre 1980 y 1992. La previa estuvo a cargo de La H No Murió, la formación liderada por Claudio O’Connor y Tano Romano, que repasó el repertorio histórico de Hermética mientras caía la tarde y “El Palacio” de Parque Patricios comenzaba a poblarse.
Pasadas las 21:00, la apertura con “Murders in the Rue Morgue”, “Wrathchild”, “Killers” y “Phantom of the Opera” sirvió para saldar la deuda con la etapa inicial de la banda: aquella era grabada junto a Paul Di’Anno en la que la velocidad del heavy metal incipiente convivía con la complejidad del rock progresivo. El ensamble mostró una respuesta rítmica ajustada, marcada por la incorporación del ex British Lion Simon Dawson en la batería, quien tras el retiro de Nicko McBrain de las giras en 2024 asumió la responsabilidad de sostener las métricas del grupo.
A sus 68 años, Bruce Dickinson desplegó un rendimiento vocal que se mantuvo entero durante más de dos horas de espectáculo. Uno de los puntos más altos llegó con la inclusión de “Infinite Dreams” (Seventh Son of a Seventh Son, 1988), pieza que nunca antes había sido interpretada por el grupo en suelo argentino y que no figuraba en sus setlists globales desde 1988. El tramo central combinó la efectividad directa de “2 Minutes to Midnight” y “Powerslave” con la densidad de “Rime of the Ancient Mariner”, cuya estructura de 13 minutos permitió lucir los contrapuntos melódicos entre Dave Murray, Adrian Smith y Janick Gers.
En esta gira, la banda reemplazó sus habituales telones pintados y estructuras inflables por pantallas LED de gran formato y fondos digitales animados, renovando el marco visual de la puesta. Esta tecnología acompañó las secuencias escénicas de la noche, desde ráfagas de fuego en “The Number of the Beast” y “Run to the Hills” hasta las irrupciones de Eddie en sus distintas caracterizaciones.
El tramo final del show repasó los pilares fundamentales de su discografía. “The Trooper” y “Hallowed Be Thy Name” -esta última apoyada por la puesta teatral de las rejas sobre el escenario- antecedieron al cierre del bloque principal con “Iron Maiden”. Para los bises, la secuencia reservó la velocidad de “Aces High”, la respuesta masiva en la emblemática “Fear of the Dark” y la resolución definitiva con “Wasted Years”.












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