Crónica: Roberto Isa / Fotos: Ake Music

En una noche marcada por la velocidad técnica y su inconfundible despliegue escénico, el Gran Rivadavia fue testigo de un repaso exhaustivo por cuatro décadas de maestría en las seis cuerdas.

Pocos guitarristas en el mundo pueden jactarse de contar con el dominio del instrumento que el sueco Yngwie Malmsteen hace gala en cada presentación. Y dentro del selecto grupo de magos de la guitarra, hay solo un puñado que cuenta además con el carisma que el oriundo de Estocolmo despliega sobre las tablas. Con ese combo garantizado, los seguidores de Malmsteen se hicieron presentes en la noche del jueves 2 de abril en el teatro Gran Rivadavia, para una nueva presentación de uno de los máximos exponentes de la guitarra neoclásica.

Luego del acto de apertura, a cargo del set instrumental de OnOff, y con el recinto comenzando a colmar su capacidad, llegaba el turno de Malmsteen. Con una decena de amplificadores Marshall con sus respectivas cajas oficiando de respaldo, el guitarrista salió a escena con el clásico “Rising Force”, para luego proseguir con un repaso por su discografía solista, aquella que iniciara con el disco del mismo nombre en 1984 y cuya última entrega es “Parabellum”, de 2021. Temas de enorme riqueza técnica como “Far Beyond the Sun” o “Trilogy Suite Op:5” mostraron a Yngwie recorriendo el mástil de la guitarra con maestría, ejecutando cada solo con prolijidad absoluta a una velocidad frenética.

Sus músicos de apoyo, el tecladista y cantante Nick Marino, el bajista Emilio Martínez y el baterista Wyatt Cooper, forman un grupo compacto, tan compacto como el espacio que ocupan en el escenario: los tres permanecen juntos a un costado del mismo. El resto del lugar es para Yngwie, por supuesto, y su colosal despliegue virtuoso. El ida y vuelta con el público fue constante, y si bien Malmsteen no se caracteriza por ofrecer demasiado diálogo, lo compensa con la permanente interacción mientras ejecuta los temas con la audiencia, quienes se llevaron varias púas arrojadas por el guitarrista a modo de recuerdo. Como única nota de contrariedad entre ambas partes, durante uno de sus solos Malmsteen se molestó (y con justa razón) de ser iluminado por el flash de algún teléfono en la tribuna superior, pidiéndole al bajista Martinez que explique en español a la audiencia que no vuelva a hacerlo, sugerencia entendida a juzgar por la normalidad en que transcurrió el resto del show.

En el recital también hubo momento para homenajes, como la interpretación completa del himno “Smoke on the Water” de Deep Purple, el solo final de “Bohemian Rhapsody”, de Queen, y versiones adaptadas de próceres de la música clásica como Johann Sebastian Bach y Niccolò Paganini. Todos ellos son claras influencias de Yngwie Malmsteen, que ayudan a desentrañar el estilo que forjó, como la perfecta mezcla de la potencia del rock pesado y la elegancia y virtuosismo de los compositores clásicos, especialmente del denominado período barroco y neoclásico.

Sobre el final, y luego de un espacio para el jam instrumental entre la banda, Yngwie regresó para la pesada “You Don’t Remember, I’ll Never Forget”, y posteriormente ocuparse de la guitarra acústica para el solo que precedió a “Black Star”. Como cierre definitivo, llegó el aguerrido riff de “I’ll See the Light Tonight”, poniendo el punto final para una jornada donde la precisión técnica no dejo margen para la duda: Malmsteen sigue siendo el dueño de un estilo que no admite herederos directos.