Crónica: Max Garcia Luna / Fotos: Maru Debiassi

Con cuatro décadas de trayectoria, los alemanes regresaron a nuestro país desplegando toda su artillería de himnos atemporales.

Tras volver a la actividad en 2010, Accept ha registrado varios trabajos con una contundencia que parece no haber sufrido signos de desgaste. Su último disco de estudio, “Rise of Chaos”, lanzado en agosto de 2017, supone el cuarto lanzamiento desde que el vocalista Mark Tornillo encabeza la banda y reafirma su posición entre los más leales representantes del metal de la vieja escuela. Este álbum los llevó en una extensa gira que los trajo por segundo año consecutivo a tocar en el Teatro Flores y por primera vez en la Patagonia Argentina con fechas en Comodoro Rivadavia y Cipolletti.

Como antesala Helker redondeo en poco más de media hora algunas de las piezas más destacadas de su discografía. Dada la masividad de un show internacional, sería para muchos la oportunidad de escuchar a su nuevo cantante. La alineación que se completa con la dupla formada por Leo Aristu y Mariano Ríos en las seis cuerdas y la base precisa de Lucas Garay Basualdo y Hernán Coronel, se magnifica ante la presencia de Aaron Briglia, quien lleva con creces la tarea de ser el sustituto de Diego Valdez, ya hace tiempo radicado en España, donde el presente lo encuentra compartiendo una nueva aventura musical junto a renombrados artistas.

El show de los alemanes comenzó con un electricismo que se mantuvo a lo largo de toda la noche: “Die by the Sword”, “Stalingrad” y “Restless and Wild”, dieron el primer golpe. Seguidas por “Breaker” -la única de su tercer álbum dentro del setlist-, y “Pandemic”, coreado por todo el público ante la arenga recurrente del frontman. “Nos encanta estar de vuelta en Argentina”, proclamó antes de continuar con tres del último álbum: “Koolaid”, “No Regrets” y “Analog Man”, evidenciando que la génesis de su sonido se encuentra intacta.

El quinteto se siente en Buenos Aires como si estuviera en su casa: disfrutan (y se nota) de la calidez del público local. “Final Journey” avanzo sin tregua, disminuyendo la velocidad con “Shadow Soldiers” y su aire marcial, que se enlazo al solo de Wolf Hoffmann, guitarrista líder y principal compositor del grupo. El sonido fue nítido y potente, impulsando temas como “Neon Nights”, la imprescindible “Princess of the Dawn” y “Monsterman”.

Llegando al cierre, la sala volvió a levantar temperatura con “Up to the Limit”, “Metal Heart” -con “Para Elisa” de Beethoven incluido en el intro- y la demoledora “Teutonic Terror”, que puso a todos a saltar. Sus seguidores son un ejército de fieles que festejan, alzan sus puños y cantan cada una de las canciones del conjunto. El teatro entero entonó “Fast As A Shark”, dando lugar al encore con “Stampede” y algunos de sus temas más aclamados: “Midnight Mover”, su clásico “Balls To The Wall” y “I’m a Rebel”, el track que puso fin a la noche.