Crónica: Roberto Isa / Fotos: Maru Debiass

Presentando su más reciente lanzamiento y acompañados de Powerwolf, Amon Amarth se despachó con un arrollador recital ante un teatro colmado.

El camino de ingreso al Valhalla exije, según la tradición vikinga, una sacrificada vida guerrera que haga merecedor del honor a los difuntos. Amon Amarth, la insignia sueca del death metal melódico, demuestra sobre las tablas estar alistándose de manera correcta para sentarse junto a Odín en el más allá. Es que lo que ofrecen es un demoledor acto en el cual la premisa es no dejar sobrevivientes; nadie escapa del poder que emana esta banda en vivo. En esta oportunidad la cita con el público argentino los encontraba presentando su último lanzamiento titulado “Berserker”, y girando junto a los alemanes Powerwolf, quienes realizaban su primera presentación en nuestro país.

Una vez concluido el show de los locales Azeroth llegó el turno del debut en tierras argentinas para Powerwolf. La banda, que ofrece un pegadizo heavy metal con lírica centrada en leyendas de terror (y un notable tono humorístico), brindó un contundente show más digno de una banda principal que de un telonero. La performance del grupo, sumado al carisma de su vocalista, Attila Dorn, ayudaron a que rápidamente puedan ganarse el beneplácito de la concurrencia. Temas como “Army of the Night” o “Armata Strigoi” lograron sumar a los presentes a través de sus buenas melodías y logrados estribillos. El cierre vino de la mano de “We Drink Your Blood”, celebradísima canción que dio lugar a la promesa de Attila de volver pronto a Argentina.

Ya pasadas las 21 horas empezaron a sonar las inconfundibles melodías de “Run To The Hills”, el clásico inmortal de Iron Maiden normalmente utilizado por Amon Amarth como track sonoro que anuncia su inminente ingreso al escenario. Una vez abiertos los telones del teatro, el quinteto sueco comenzó con “The Pursuit of Vikings”, para que de inmediato el headbanging se manifieste de manera uniforme en la numerosa audiencia. “Bienvenidos a nuestra fiesta vikinga”, dijo Johan Hegg en un más que aceptable español. Serio, pero cercano a su público, el gigante que se encarga de las voces en Amon Amarth ofició de buen showman a lo largo de un recital que tuvo la cantidad justa de interacción con el público y cantidades abismales de brutalidad musical. Temas como “Deceiver of the Gods” o “The Way of Vikings” sonaron tan poderosos como es físicamente posible y otorgaron el marco ideal para que entre el público se formen rondas y pogos tan grandes que harían sentir orgulloso al mismísimo Ragnar Lodbrok.

A esta altura, el Teatro Flores era un auténtico hervidero, la marea humana no cesaba de ir de un lado para el otro frente al escenario, mientras que, arriba de él, Amon Amarth hacía gala de su potencia sonora. Así, fueron destilando artillería pesada con clásicos como “Asator”, “Death in Fire” o “War of Gods”. El nuevo disco estuvo presente en el setlist, destacándose la headbanguera “Raven’s Flight” y la poderosa y ganchera “Shield Wall”, con su estribillo que nos hace imaginar estar agrupados bajo las órdenes de Lagertha, mientras resistimos en el muro de escudos, para que de inmediato tenga lugar la muy festejada “Guardians of Asgaard”. “Raise Your Horns” permitió a Johan Hegg brindar con los fanáticos de la banda, siendo finalmente “Twilight of the Thunder God” la canción que ofrezca el cierre, junto al saludo de la banda y su público, testigos de un recital conjunto entre dos grandes bandas de metal, que redondearon una noche perfecta en lo que ya se perfila como serio candidato para el trono de mejor show del año.